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PETRAEUS Y LA ARAUCANÍA – REVISTA QUÉ PASA

La Araucanía es muy distinta a Irak, pero también hay similitudes: la desconfianza, los violentistas que atemorizan a la población y desafían al Estado, los excesos policiales. David Petraeus podría tener algo que decir al respecto.
Es probable que David Petraeus jamás haya oído del conflicto mapuche. Sin embargo, el militar norteamericano —que visitó Chile esta semana— quizás tendría mucho que aportar para resolver el problema en La Araucanía. Porque, aunque está muy lejos de ser una guerra irregular como las que el general cuatro estrellas enfrentó en Irak y Afganistán, el conflicto en el sur de Chile reúne varias de las características que hacen recomendable aplicar allí algunas de las recetas del Manual de Contrainsurgencia que Petraeus publicó en 2006 y que luego aplicó con éxito para girar la situación iraquí en 180 grados y transformar, en apenas 19 meses, una derrota segura en una victoria.
Tal como le ocurrió a Estados Unidos en la guerra de Irak, el Estado chileno no parece estar preparado para lidiar con el tipo de conflicto que existe en La Araucanía, al punto que no son pocos los políticos y funcionarios que, en voz baja, afirman que se trata de un enredo sin solución y que la mejor manera de enfrentarlo es no hacer nada. Esta pasividad ha permitido que se acumule el resentimiento. Hay sectores mapuches que sienten que sus demandas son desatendidas, por lo que algunos de sus miembros recurren a la violencia y generan una reacción adversa de miedo y rabia en el resto de la población, que a su vez se encuentra indefensa ante los ataques. La zona es un polvorín y la respuesta del Estado chileno ha oscilado entre la indiferencia y la ineficiencia. Mientras, el diálogo de sordos continúa entre quienes aconsejan la mano dura contra la violencia y los que ponen énfasis en el respeto a los derechos ancestrales.

Quizás la respuesta está en emplear en La Araucanía algunos de los conceptos de contrainsurgencia que Petraeus y su grupo de “COINdinistas” —un conjunto de oficiales y civiles que fue cobrando influencia en el Ejército de Estados Unidos para promover el estudio y el análisis de los conflictos de baja intensidad— lograron imponer en ese país. Como escribió hace medio siglo David Galula, un oficial francés que combatió a la revuelta anticolonial argelina, en un conflicto de este estilo lo que importa no es conquistar territorio ni aplastar al rival, sino conseguir la lealtad de la población civil para desactivar el poder de los insurgentes. Galula recomendaba un proceso de cuatro pasos para derrotarlos: concentrar fuerza para desalojarlos del área de conflicto, repeler un eventual intento de retorno, establecer contacto directo con la población para ganar su confianza y cortar sus vínculos con los rebeldes y, finalmente, destruir su organización política. Ello supone contar con una estrategia dedicada a atraer “los corazones y las mentes” que, como escribió un general del Ejército de Liberación Popular del líder chino Mao Zedong, son “20% militar y 80% política”.

Petraeus se preparó toda su vida para poner en práctica en Irak los conceptos de contrainsurgencia que aprendió y desarrolló durante su trayectoria profesional. Cuando llegó a Bagdad a comienzos de 2007 para hacerse cargo de las fuerzas de la coalición, ordenó a sus tropas mezclarse con la gente, abandonando los sitios seguros donde vivían recluidas, e ir a residir en pequeñas “estaciones de seguridad conjunta” en los barrios de la capital. También racionalizó el uso de la fuerza, pues ésta a menudo alimenta la insatisfacción y el resentimiento e impide la victoria en el largo plazo. Así consiguió ganarse la confianza de una población agotada por la violencia, lo cual facilitó reunir información de inteligencia y vencer a los insurgentes. Hacia fines de 2007, las muertes de civiles habían caído casi a cero y las bajas militares se habían minimizado.

La Araucanía es muy distinta a Irak, pero también hay similitudes que no deben ser descartadas: la desconfianza, la escasa interacción positiva entre carabineros y la comunidad, los violentistas que atemorizan a la población y desafían a un Estado debilitado, los excesos policiales que sirven para alimentar la insatisfacción. David Petraeus podría tener algo que decir al respecto.