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ENTREVISTA A RICHARD HAASS: – EL MERCURIO

“Lo que vemos en EE.UU. es que no podemos dar el futuro de la democracia por sentado”

Richard Haass está preocupado. Es la palabra que aparece una y otra vez cuando habla de los acuerdos globales (o la falta de ellos), del manejo de la pandemia, del cambio climático y sobre todo de su país, EE.UU. “Hemos perdido prestigio, nuestro ejemplo ya no es respetado”, dice Haass en esta entrevista con “El Mercurio”, en el contexto del noveno aniversario de la empresa de asesoría de inversiones PICTON, que eligió el último libro del intelectual, “The World: A Brief Introduction”, para marcar esta fecha.

Presidente del Council on Foreign Relations, Haass es un connotado diplomático que trabajó en las administraciones de los republicanos George H. W. Bush y George W. Bush, y una de las voces más respetadas en relaciones internacionales a nivel global. Al teléfono, desde Nueva York, pone la esperanza en la historia: “Lo bueno de ella es que nada es inevitable y lo malo es que nada es inevitable”.

Multilateralismo selectivo

-En su último libro escribe que la globalización es una de las realidades definitorias de la existencia moderna. Pero también, que el cambio climático podría ser uno de los asuntos determinantes para este siglo. Considerando que hemos vivido la mayor parte de este año bajo las restricciones de la pandemia: ¿cree que la salud global -otro factor que menciona- está teniendo más importancia como un asunto definitorio para este siglo?

“No, está siendo más importante ahora. La salud global es un asunto más apremiante porque estamos en la mitad de una pandemia, pero no estaremos en la mitad de una pandemia el resto del siglo. Podríamos tener varios brotes de enfermedades infecciosas, pero si hacemos lo que sabemos sobre cómo lidiar con ellas, no deberían convertirse en pandemias.

El cambio climático no es un problema que va y viene. Es un problema que solo viene. No se va a ir, solo va a empeorar. Es un problema persistente.

Déjeme decir una cosa más: no es una alternativa o la otra. La globalización viene con muchos desafíos, enfermedades infecciosas, cambio climático, terrorismo y más. Tenemos que estar preparados para lidiar con todos”.

-Habiendo visto cómo las potencias y la organizaciones globales reaccionaron en la pandemia y cómo se han manejado ante el cambio climático, ¿tiene esperanzas?

“Nunca pierdo la esperanza. (Pero) lo que estamos viendo en la pandemia es que el mundo no está actuando en conjunto para lidiar de forma efectiva con la pandemia. Algunos países están manejándola individualmente bien, muchos otros, lo hacen terriblemente. Pero el mundo en su conjunto no está haciendo lo suficiente, en parte porque algunos países no lo permiten: EE.UU., China y otros no están cooperando completamente con las organizaciones o esfuerzos globales.

En el caso del cambio climático, un gran problema es que el principal pacto global, el Acuerdo de París, es seriamente inadecuado. Así es que aun si EE.UU. estuviera participando, aun si cada país estuviera haciendo lo que se comprometió, el Acuerdo de París se quedaría corto respecto de lo que se necesita. Es un marco total y fundamentalmente inadecuado.

Desde mi punto de vista, es altamente improbable que los países acuerden un solo enfoque global. Así como no pueden acordar uno para el comercio global (las últimas conversaciones de la Ronda de Doha fracasaron) ni cómo regular internet, no pueden llegar a un acuerdo en cambio climático.

Creo que cada vez más el multilateralismo no se verá como la Asamblea General de Naciones Unidas. Cada vez más, para ser efectivo, el multilateralismo tendrá que ser selectivo y habrá grupos de países, quizás de empresas, de fundaciones, de ONGs, que van a unirse en torno a un problema en particular, tal vez el cambio climático o internet o lo que sea.

Esa es una mirada realista. No creo que vayamos a tener éxito si entendemos el multilateralismo como universalismo, no creo que eso funcionará”.

-La globalización ha sido criticada en la última década, desde la izquierda y la derecha, principalmente por sus consecuencias económicas. Y usted lo dice: no se puede escapar de la globalización. ¿Pero su velocidad y su escala se pueden afectar por la competencia geopolítica, la imposibilidad de llegar a acuerdos, el surgimiento de nacionalismos y populismos?

“Todo lo que menciona apunta a las dificultades. Hay todo tipo de cosas que se interponen en el camino de una respuesta global o colectiva efectiva ante los desafíos globales: soberanía, nacionalismos, populismos, intereses propios y otros, y eso probablemente continúe. Pero uno tiene que tener la esperanza de que los países y otros (actores), finalmente se van a juntar por su propio interés. (…) Ningún país puede manejar la globalización por sí solo; ni China ni EE.UU., nadie.

Mi preocupación es que los países se vean inclinados a hacer lo correcto solo después de que hayan ensayado todo lo demás, y para entonces las opciones serán mucho peores, el costo será más alto. La globalización se está moviendo más rápido que nuestra respuesta a ella y esa es la razón por la que estoy preocupado”.

-¿Ve en el escenario global algún líder que quiera ser quien defienda la idea de ir más rápido, de los acuerdos?

“Tal vez haya, pero en realidad no importa. No quiero insultar a nadie, pero si un líder de un país pequeño o mediano se levanta no tendrá la influencia. (…) Al final del día, gran parte de la historia, para bien o para mal, está escrita por las grandes potencias y esa es la razón por la que países como EE.UU., China, India, Rusia, la Unión Europea importan más.

La influencia está atada fuertemente al poder. Así es que incluso si un líder de un país pequeño se levanta y dice cosas inteligentes, la dura realidad es que no tienen el poder para lograr tanto”.

Un desorden mundial

-En su libro anterior, usted definió el actual orden global como un mundo en desorden (“The World in Disarray”, 2017). Gran parte de eso, sostiene, se debe a la política exterior de EE.UU. ¿Qué tanto ese desorden se ha incrementado en los últimos tres o cuatro años?

“Ha empeorado. No sé cómo medirlo, porque no se puede medir en metros o galones. Pero ha empeorado: vemos más y no menos rivalidad entre los grandes poderes, la brecha entre los desafíos globales y las respuestas colectivas es mayor, y EE.UU. está jugando un rol menos responsable y menos constructivo en el mundo. El resultado neto es que el mundo está en un mayor desorden en 2020 que en 2016, cuando escribí ese libro.

Y me preocupa la dirección en la que están yendo las cosas. En este momento, me parece que es fácil ver que se siguen deteriorando, más que ver que mejoran.

Pero veremos. Lo bueno de la historia es que nada es inevitable y lo malo es que nada es inevitable”.

-¿Caracterizaría el actual orden mundial como un orden multipolar?

“Diría que sí, con una consideración: es multipolar porque hay muchos polos de poder e influencia. Pero tradicionalmente, cuando los historiadores describen un mundo multipolar, lo hacen para describir un mundo de tres o cinco o seis polos. Y creo que el actual mundo tiene docenas y docenas. Y no solo polos, sino que fuerzas: el cambio climático no es un polo, sino que una realidad y una fuerza.

Así es que no estoy seguro de si la frase multipolaridad, captura o describe bien al mundo actual. Pero la idea básica es que este no es un mundo controlado por un país, no es como la Guerra Fría, donde tenías a EE.UU. y a la Unión Soviética; este es un mundo mucho más descentralizado que realmente no tiene un alto nivel de organización o concentración de poder”.

-¿El poder aún recae en naciones más que en actores no gubernamentales?

“Sí, pero si vas a tener hoy una reunión para lidiar con la pandemia vas a querer a la Fundación Gates (…), a la Organización Mundial de la Salud, a compañías que producen fármacos o vacunas, una ONG como Médicos sin Fronteras. Es verdad decir que los países siguen siendo los más poderosos y más importantes. Y para usar un cliché, son piezas en el tablero de ajedrez, pero hay muchas otras también”.

“Nunca pensé que lo diría”

-Vayamos a EE.UU., que tuvo una semana bastante particular. Fue el poder dominante en Occidente durante la Guerra Fría y un defensor de la democracia hasta después de ese período. Ahora que su política no pasa por su mejor momento, ¿qué tanto le preocupa que esto esté afectando su poder e imagen globales?

“Me preocupa mucho. Usted ha sido muy generosa en su descripción, porque no es que no estemos en el mejor momento, estamos en el peor. Como estadounidense estoy extremadamente preocupado por lo que veo que está pasando; lo que estamos viendo en EE.UU. es que no podemos dar el futuro de la democracia por sentado. Eso es algo que nunca pensé que diría. Así es que estoy preocupado.

Y tiene razón: hay una conexión con la política exterior y diría un par de cosas. Una, es que nuestros aliados democráticos, particularmente en Europa y Asia, están preocupados porque ven esto y les incomoda. Les inquieta poner su fe, su seguridad en nuestras manos, porque ven esto y no nos reconocen ni confían en nosotros. Debilita las alianzas de EE.UU.

También debilita nuestra influencia de dos formas: ya no mostramos un ejemplo que otros países quieran seguir, ven lo que está pasando en Estados Unidos -ya sea el debate del otro día o los problemas raciales o lo mal que estamos reaccionando al covid-19- y muy poca gente en el mundo se despierta por las mañanas y dice ‘queremos ser como Estados Unidos’. Hemos perdido prestigio, nuestro ejemplo ya no es respetado. Y también hace muy difícil para nuestros líderes hablarles a otros y decir ‘tienes que respetar los derechos humanos’, ‘tienes que ser más democrático’; se hace muy difícil criticar a China por Hong Kong -por mucho que China merezca ser criticada por Hong Kong-, porque ya no nos vemos como una democracia madura y que funciona.

Y una cosa más. China de nuevo es un buen ejemplo: es interesante lo que hizo la prensa de ese país después del debate, al escribir artículos diciendo ‘lo que EE.UU. está mostrando es que la democracia lleva al desorden y al caos’. Los chinos están usando esto como una justificación para su propia falta de democracia; le están diciendo al pueblo chino ‘deberían aceptar la falta de libertad aquí, porque esto es lo que pasa cuando un país se hace demasiado libre: se viene abajo. Sí, no tienen libertades aquí en China, pero de todos modos están mejor’. Es algo terrible, pero les estamos dando ese argumento. No puedo decirle lo frustrado que esto me hace sentir”.

-¿Espera que la elección ayude a mejorar la situación política en EE.UU.?

“No lo sé. Me preocupa que de aquí a la elección haya muchos cuestionamientos sobre la votación; el día de la elección puede que haya gente que tenga problemas para votar. También, que después haya todo tipo de desacuerdos sobre las cédulas y quién votó y ese tipo de cosas.

Lo que me preocupa realmente es que en los días, meses e incluso años después de la elección en noviembre habrá un porcentaje significativo del pueblo estadounidense que verá el resultado de la elección como ilegítimo. Si Trump es reelegido habrá mucha gente que diga ‘solo fue reelecto porque impidió el voto, mucha gente no pudo votar o votaron, pero no los contaron’. Si Biden es el próximo Presidente, muchos partidarios de Trump van a decir ‘solo fue elegido porque muchos votos fueron contados, que en realidad nunca existieron, y hubo fraude’.

Este país ya está dividido y podría convertirse en un país aún más dividido. Y de nuevo, hay muchas cosas pasando en la sociedad estadounidense que explican esto. Esto no se inventó ahora; esto empeoró ahora. Y es sobre cómo financiamos nuestra política, cómo dibujamos nuestros distritos congresionales, tenemos problemas con los medios, con nuestro sistema de educación, ya no hacemos un buen trabajo enseñando sobre democracia en los colegios de EE.UU. Hay muchas razones.

Va a ser difícil tras la elección. Pero lo que me preocupa realmente es que haga de una difícil situación una peor”.

Sobre el contagio con covid-19 del Presidente Donald Trump, Haass comenta que esto añade otro elemento de incertidumbre “a lo que ya fue la campaña más incierta en la historia de Estados Unidos”. Esto, porque reduce las oportunidades de hacer campaña y vuelve a poner a la pandemia “en la cima de la agenda política, lo que va en contra del Presidente”, porque va segundo en las encuestas, por los costos humanos y económicos de la pandemia; “la crítica generalizada al manejo del desafío por parte de la administración”.

-¿Los problemas políticos en EE.UU. son un reflejo, o al revés, de los problemas a nivel global? Globalmente estamos también muy polarizados entre países, y hay desigualdades en diferentes niveles.

“No creo que EE.UU. sea único. Tiene razón. Muchos países están enfrentando las dificultades de las desigualdades, y es más difícil gobernar, en cierta forma, en esta época de internet y las redes sociales; tuvimos los problemas de la crisis financiera del 2008; ahora tenemos problemas en todo el mundo, por la pandemia, y no solo de salud, sino que las consecuencias económicas de la pandemia.

Creo que las condiciones para la democracia no son buenas, me preocupan muchas de las condiciones que veo en el mundo y el potencial de que surjan más nacionalismos, más populismos, más intolerancia y potencialmente mayores conflictos. El tipo de cosas que están pasando en partes de Medio Oriente, ahora en Nagorno Karabaj, crecientes fricciones en partes de Europa, de Asia. Cuando tienes crecientes problemas a nivel local se crea la tentación de usar la política exterior como distracción. Y de nuevo, nada es inevitable, pero como digo constantemente: si no estás preocupado entonces no estás prestando atención”.