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MATÍAS EGUIGUREN, EL HOMBRE DETRÁS DEL SEMINARIO MÁS COMENTADO DE SANHATTAN – DIARIO FINANCIERO

Matías Eguiguren, el hombre detrás del seminario más comentado de Sanhattan

El lunes 16 de octubre cerca de 1.000 personas llegaron al aniversario 11 de Picton en una enorme carpa transparente en los jardines de El Mercurio. El festejo -uno de los más esperados y lucidos dentro del mundo empresarial y financiero- tiene como anfitrión a los cuatro socios de la firma, siendo Matías Eguiguren el que está detrás de cada detalle. Aquí contamos su historia: su salida del colegio en tercero medio, sus años de fútbol, su fugaz paso por el gobierno de Piñera y sus nuevos negocios.

“Quiero que la carpa mida 9 metros de altura y que sea 100% transparente”, le propuso Matías Eguiguren a Natalia Palacios. La experta, quien lleva 20 años dedicada a este tipo de puestas en escena y 12 trabajando de forma independiente en ello, le hizo ver que el promedio de altura ideal era de 7 metros. Pero Eguiguren quería espectacularidad.
Y varios de los 1.000 asistentes al evento del lunes 16 en El Mercurio, en el que se celebraron los 11 años de Picton con un seminario para el cual trajo al expresidente argentino Mauricio Macri y la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo, coinciden en que lo logró: la carpa, de un total de 50×25 metros, tuvo la altura que él quiso y pudo integrar los árboles enteros.

El encargo a Amelita Correa fue similar: un cóctel de primera, pero que a la vez fuera sobrio. La banquetera estuvo además a cargo de la decoración y acentuó el estilo de bosque de la velada.

Quienes conocen a Matías Eguiguren coinciden en que la anécdota lo describe. Dicen que es preocupado en los detalles, en la decoración, en la estética. Que ve él mismo el marketing de su empresa Picton -ha modernizado el sitio web cuatro veces estos años, y también su logo-. Él también se encarga de los regalos que entrega la empresa: polerones Patagonia, abridor de botellas eléctrico, jockey marca Kuhl, libretas Moleskine, lápices a tinta importados de Alemania.

Dicen que es competitivo. Él coincide: “Cuando partimos con Picton le planteé a mis socios que hiciéramos un seminario anual que debía ser el mejor, increíble en todo sentido, desde el invitado hasta la puesta en escena”.

Y explica: “La razón no tiene que ver con lucirse. Tiene que ver con mostrar la cultura del equipo de 55 personas de Picton: que hace las cosas con excelencia, que hace las cosas bien”. Por el escenario de estos eventos -siendo el de este año el más grande- han pasado Timothy Geithner exdirector del Tesoro de EEUU; David Petreaus, exdirector de la CIA; Mario Vargas Llosa; el expresidente español Felipe González; el expresidente de Colombia Juan Manuel Santos; el exprimer ministro de Reino Unido David Cameron. Con todos mantiene algún tipo de contacto, y de hecho este verano están invitados Macri y Cayetana a su casa en el Lago Ranco.

La fórmula siempre es la misma: primero el seminario con un almuerzo exclusivo para sus clientes (unas 200 personas) en el Ritz, y en la noche la celebración del aniversario con cóctel más distentido -casi siempre había sido en la Galería Patricia Ready-, con música y bares de tragos. Se ha convertido en un evento obligado -y codiciado- del sector empresarial y financiero, cuya coordinación siempre delega a Cecilia Guzmán y Ana Noguera. Pero antes de llegar a esto, hay harto camino recorrido.

Estudios y fútbol

Matías Eguiguren (53) es el tercero de cuatro hermanos, quien mientras fue alumno del Tabancura no tuvo mayor éxito con las notas: su promedio era de 5,3, lejos de la media de sus compañeros. Y por razones de conducta -junto a otros amigos tiró bombitas de agua al Colegio Los Andes, en señal de protesta por una decisión de sus profesores de no celebrar el campeonato deportivo-, fue “invitado a salir” en tercero medio.

Era cercano al padre Luis Eugenio Silva, entonces rector del Manquehue. Y lo llamó ese mismo día desde un teléfono público para pedirle un cupo en cuarto medio. “Ok, pero consigue que lleguemos al primer lugar en fútbol”, le propuso el sacerdote. Eguiguren, quien era un gran fanático de ese deporte, lo consiguió: ese año fue la primera vez que ese colegio salía campeón en la categoría superior.

Fanático de la Católica, de su época escolar uno de sus mayores orgullos es haber sido capitán del equipo Santa Mónica en la Liga Independiente de Fútbol, club al que entró cuando tenía 15 años y del que se vio obligado a retirarse cuando cumplió 30 años tras enfrentar su primer cáncer. Tres años más tarde, sufrió nuevamente la enfermedad.

Hoy está recuperado, pero esos años de tratamiento fueron rudos, confiesa. Por la rigidez que produce en los músculos la quimioterapia, Eguiguren debió dejar el deporte, su enorme pasión. “Si me preguntan por uno de mis grandes sueños, sería volver a jugar fútbol”, confiesa.

Y en lo deportivo, ahora es fan de los paseos en e-bike y del pádel. De hecho, en su casa en el sur tiene una cancha con la que se hacen campeonatos amistosos los veranos y, desde hace dos años, es socio -junto a Mauricio Ossa, Claudio Inglesi y Jorge Tagle, los dos últimos de Altis, y de José Antonio Weiffenbach, gerente del family office de Gabriela Luksic- del Club de Pádel Pie Andino, que ya tiene ocho canchas, cuatro más en camino y planean abrir un mini golf.

En el Manquehue además tuvo buenas notas: “Por primera vez en mi vida estudié, me saqué la mugre. Antes sólo jugaba a la pelota”. Sacó 806 puntos en la PAA de Matemáticas, pero el mal promedio anterior no le dio puntaje para entrar a Comercial en la Católica.

Entonces optó por la Diego Portales, desde donde egresó con honores y recibió el premio “Nicolás Boetsch” al Ingeniero Comercial Destacado en 2012. Antes de entrar al mundo laboral, vendió su auto Subaru J12 bicolor y con ello viajó seis meses a EEUU para tomar un curso de finanzas e inglés en Georgetown, Washington, donde coincidió con Luis Grez, gran amigo hasta hoy. “No hablo bien inglés, pero logro entablar conversaciones y cerrar los negocios”, dice.

Los fondos

Al volver, su amigo Nicolás Cruzat lo recomendó para un trabajo en la entonces nueva corredora de bolsa de Cruz Blanca (CB Capital), sus primeros jefes fueron Jorge Urzúa, José Vial y Danilo Radovic.

“Se armó un equipo increíble y al cabo de dos años llegamos a estar dentro de las tres corredoras más grandes de Chile junto al Bice y BanChile”, asegura. Eguiguren -de entonces 25 años- tenía entre sus clientes a Celfin Capital, firma que en 1996 lo reclutó en sus filas como portfolio manager del fondo Beta, un fondo que invertía en acciones de baja capitalización bursátil.

Además eran asesores de The Chile Fund, fondo extranjero que administraba Credit Suisse Asset Management. Al poco andar le permitieron a los fondos chilenos invertir en el extranjero, lo que dio pase a grandes de la industria local para entrar al negocio de distribución de fondos mutuos internacionales.

Eguiguren le propuso a Richard Watts, su jefe en NY del banco suizo, registrar sus fondos en Chile. Al cabo de seis meses tenían US$ 500 millones colocados en Chile. Llegaron a ser líderes de mercado de distribución de fondos mutuos internacionales con más de US$ 12 mil millones colocados entre los fondos de pensiones en Chile. Luego se ampliaron a Perú y Colombia.

Y en lo deportivo, ahora es fan de los paseos en e-bike y del pádel. De hecho, en su casa en el sur tiene una cancha con la que se hacen campeonatos amistosos los veranos y, desde hace dos años, es socio -junto a Mauricio Ossa, Claudio Inglesi y Jorge Tagle, los dos últimos de Altis, y de José Antonio Weiffenbach, gerente del family office de Gabriela Luksic- del Club de Pádel Pie Andino, que ya tiene ocho canchas, cuatro más en camino y planean abrir un mini golf.

En el Manquehue además tuvo buenas notas: “Por primera vez en mi vida estudié, me saqué la mugre. Antes sólo jugaba a la pelota”. Sacó 806 puntos en la PAA de Matemáticas, pero el mal promedio anterior no le dio puntaje para entrar a Comercial en la Católica.

Entonces optó por la Diego Portales, desde donde egresó con honores y recibió el premio “Nicolás Boetsch” al Ingeniero Comercial Destacado en 2012. Antes de entrar al mundo laboral, vendió su auto Subaru J12 bicolor y con ello viajó seis meses a EEUU para tomar un curso de finanzas e inglés en Georgetown, Washington, donde coincidió con Luis Grez, gran amigo hasta hoy. “No hablo bien inglés, pero logro entablar conversaciones y cerrar los negocios”, dice.

Los fondos

Al volver, su amigo Nicolás Cruzat lo recomendó para un trabajo en la entonces nueva corredora de bolsa de Cruz Blanca (CB Capital), sus primeros jefes fueron Jorge Urzúa, José Vial y Danilo Radovic.

“Se armó un equipo increíble y al cabo de dos años llegamos a estar dentro de las tres corredoras más grandes de Chile junto al Bice y BanChile”, asegura. Eguiguren -de entonces 25 años- tenía entre sus clientes a Celfin Capital, firma que en 1996 lo reclutó en sus filas como portfolio manager del fondo Beta, un fondo que invertía en acciones de baja capitalización bursátil.

Además eran asesores de The Chile Fund, fondo extranjero que administraba Credit Suisse Asset Management. Al poco andar le permitieron a los fondos chilenos invertir en el extranjero, lo que dio pase a grandes de la industria local para entrar al negocio de distribución de fondos mutuos internacionales.

Eguiguren le propuso a Richard Watts, su jefe en NY del banco suizo, registrar sus fondos en Chile. Al cabo de seis meses tenían US$ 500 millones colocados en Chile. Llegaron a ser líderes de mercado de distribución de fondos mutuos internacionales con más de US$ 12 mil millones colocados entre los fondos de pensiones en Chile. Luego se ampliaron a Perú y Colombia.