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EL CRECIENTE PROTAGONISMO DE LOS FAMILY OFFICES – LA TERCERA

Si bien nacieron en Los 90, el florecimiento de Las oficinas de gestión para personas de alto patrimonio ocurrió tras La crisis de 2008. Se estima que hay más de 100. Y a diferencia de años atrás, hoy tienen un peso mayor, por ejemplo, en aperturas y remates bursátiles. Los gestores profesionales disputan sus preferencias para ejecutar inversiones de todo tipo.

Hace una década, su presencia masiva era casi inexistente. Hoy su intermediación es casi inevitable. Los family offices proliferaron en los últimos diez años como una manera de profesionalizar la administración de recursos y controlar los costos de esas gestiones para los grandes patrimonios individuales. Un reciente estudio del Boston Consulting Group (BCG) calcula que en Chile hoy existen alrededor de 40 grupos que gestionan en total unos US$ 40 mil millones en activos líquidos invertibles. Y la gran mayoría ha optado por crear oficinas propias, con especialistas que han reclutado de la industria financiera para el asesoramiento en las decisiones y la creación de portafolios de inversión. Su peso es creciente, pero está lejos aún del tamaño que, por ejemplo, en el mercado de capitales tienen las AFP, que gestionan más de US$ 150 mil millones, los fondos mutuos, con unos US$ 40 mil millones, o las compañías de seguro, opinan especialistas.

En el mercado de capitales calculan que ya existe más de un centenar de family offices en Chile, aunque los que tienen una estructura más sofisticada no superan la veintena. “Es el directo reflejo de la acumulación de riqueza en Chile desde la década de los 80 (…). La cuantía de los recursos lleva a profesionalizar estas operaciones, contratando a personas del sector financiero para realizar las labores que antes las familias veían con sus banqueros privados”, resume Axel Christensen, director ejecutivo de BlackRock para Sudamérica.

“El origen de la liquidez actual está en la venta de empresas familiares y también en los dividendos que por muchos años fueron a pagar deuda y, que una vez pagada, comenzaron a acumularse en el portfolio financiero”, añade Rodrigo Alamos, socio de Capital Advisors, el primer multi family office del país, creado en 1999. En lo primero, por ejemplo, destacan la venta de D&S a WalMart por parte de los hermanos Felipe y Nicolás Ibáñez. Ejemplo del segundo fenómeno son los flujos de utilidades que aportan Falabella a sus grupos controladores o Antofagasta PLc a los hermanos Luksic.

El gerente general de Corpbanca Wealth Management, Ignacio Ruiz Tagle, admite que la riqueza de los family offices ha crecido, pero tanto como los otros actores de la industria.

“No es que hayan cambiado el mercado de capitales. Las AFP, las compañías de seguros y el retail siguen siendo actores potentes. Los family son inversionistas más activos, toman posiciones agresivas, muchos hacen bastante trading, pero en montos totales, manejan menos que el resto de los institucionales”, opina Ruiz Tagle.

Alamos dice que la crisis de 2008 impulsó el florecimiento masivo de los family offices. “Las instituciones extranjeras perdieron legitimidad por la debilidad de sus balances y los conflictos de interés que se hicieron evidentes durante esa crisis. Esto hizo que parte importante de las inversiones comenzaran a ser gestionadas por asesores locales. Por ello florecieron tras la crisis de 2008″, añade.

Intermediarios

 El formato más recurrente son los single family offices (gestionadas para un solo inversor), pero los multi family offices (con asesores externos que trabajan con no más de 40 inversionistas) han ganado terreno en el último tiempo. Federico Muxi, socio de BCG, dice que la gestión de activos de un grupo familiar resulta compleja dada las necesidades y realidades de sus distintos integrantes. “Muchos son ciudadanos globales, con residencias en muchos países y sistemas impositivos distintos (…). También muchos son activos en la filantropía y buscan sofisticación en el manejo de sus inversiones”, sostiene Muxi, quien calcula que en Chile existen unas 7.500 familias con activos líquidos superiores a US$ 1 millón (excluye posiciones controladoras y bienes inmobiliarios), que suman en total US$ 70 mil millones. Muxi sostiene que los family offices en su mayoría no sobrepasan los cuatro ejecutivos cada uno y que varios inversores optan por la figura de un asesor individual.

Entre los single family offices que más destacan están Bethia, de Liliana Solari; Stars, de Felipe Ibáñez; Drake, de Nicolás Ibáñez; Portoseguro, de Eliodoro Matte; Costa Verde, de la familia Cueto, y Devon, de Jean Paul Luksic. E invierten en Chile y el extranjero tanto en activos reales como financieros, coinciden en la industria.

Claudio González, director de Estrategias de Inversión de Alta Dirección, dice que hay tres claves en la gestión de estas oficinas: “Independencia en la asesoría de inversión, inexistencia de conflictos de interés y alta flexibilidad para adecuarse a los requerimientos de clientes cada vez más sofisticados”.

El trabajo de los family offices es complementario con los servicios de administradores profesionales, dice José Ramón Valente, director ejecutivo de Econsult. Ello porque, explica, priorizan sus esfuerzos en tomar posiciones de largo plazo y tercerizan las inversiones financieras. Econsult, en ese caso, es asesor “de la porción más líquida de su portafolio de inversiones”, añade Valente.

Pero no todos los asesores abastecen a sus clientes con la cadena completa. “Los family y los multi family offices son un representante o un intermediario más y buscan a los mejores administradores o ejecutores para sus recursos. Pero toda la inversión se ejecuta a través de un banco, una corredora de Bolsa o una administradora general de fondos”, afirma Ignacio Ruiz Tagle, de Corpbanca. “Usan muchos proveedores”, sostiene.

Las divisiones de banca privada de los bancos, por ejemplo, también trabajan con casi todos los family offices consolidados y abastecen, además, y casi en exclusiva, a un amplio segmento de unas 8.000 familias que manejan entre US$ 1 millón y US$ 30millones, dice Ruiz Tagle. Y ahí establece otra diferenciación. “Los bancos entregamos un servicio completo, con un amplio abanico de productos que los single o los multi family offices, por su naturaleza, no tienen: desde lo más sencillo, comprar o vender acciones o administración de cartera, hasta trajes a la medida como una fusión o adquisición, desarrollo de edificios o centros comerciales, compra de paños inmobiliarios, inversiones en fondos de inversión privados o intermediación hotelera”, ejemplifica Ruiz Tagle. Y los bancos, complementa, aportan algo que los otros intermediarios no proporcionan: financiamiento. “Muchas inversiones relevantes las han realizado apalancados con deuda”, agrega.

Más peso, menor costo

Para Martín Figueroa, socio de Claro y Asociados, el peso de los family offices se evidencia en las últimas aperturas a Bolsa, remates accionarios y aumentos de capital. “Anteriormente, los que ponían el precio (en las colocaciones de acciones) eran las AFP, hoy día son los family offices”, afirma. Figueroa recuerda que en el remate del 30% de Corfo en Aguas Andinas por casi US$ 1.000 millones el año pasado, los inversionistas No Institucionales de Montos Significativos representaron el 29% de la operación, superando a extranjeros y el retail, y muy cerca de los institucionales.

La apuesta por porcentajes relevantes, pero minoritarios, en sociedades anónimas, también se ha multiplicado en los últimos años. Ejemplo: Bethia en Clínica Las Condes o Lan; Megeve en Aqua Chile; Luksic en Aguas Andinas o Felipe Ibáñez en la sanitaria Essal. Y para operaciones estratégicas de este tipo, de más largo plazo, los family combinan por lo general capital y deuda, agrega Valente.

“Cada vez más colocaciones iniciales de acciones se hacen con una mirada puesta en los family offices. Tienen mucha capacidad de influir y negociar en el mercado de capitales”, añade Claudio González, de Alta Dirección. “La emisión de ciertos instrumentos financieros, como bonos o acciones, ya no pasan necesariamente por la concurrencia o no de las AFP o las compañías de seguros de vida”, ejemplifica Valente.

“A nosotros nos tratan igual como un fondo de pensiones o una compañía de seguros de vida. No ha habido ninguna apertura de Bolsa en Chile este año en la cual el dueño de la compañía no haya venido a visitarnos”, ilustra Matías Eguiguren, de Picton, multi family offices que, a seis meses de su nacimiento, maneja US$ 700 millones. Eguiguren dice que, a diferencia de otros competidores, Picton ejecuta las inversiones directamente.

Rafael Carvallo, director de Family Office de Celfin Capital, describe a los family offices como un grupo inversor cada vez más relevante. “Hoy son identificados como un segmento particular de inversionistas, tal como lo son los institucionales, corredoras o fondos mutuos. Varios aspectos inciden en la importancia que han ido adquiriendo, por ejemplo, los recursos que administran han ido creciendo y, también, nuevos family offices se han ido incorporando al mercado”, dice. Celfin ha creado por ello una unidad dedicada a darles cobertura.

Otra de las consecuencias de la profesionalización en el manejo de los activos también ha sido la baja en los costos de administración.

“La existencia de una contraparte calificada en el family office, sumado a la mayor competencia que se genera entre bancos, contribuyen a reducir los costos para los clientes. Los costos fácilmente le pueden bajar a la mitad”, afirma Rodrigo Alamos, de Capital Advisors. “Los costos de los clientes han bajado mucho”, coinciden Matías Eguiguren y Martín Figueroa.

En el peso de la región

Según Federico Muxi de BCG, el fenómeno de los family offices es más importante en Chile que en otros países de Latinoamérica.

“En Chile han llegado a un nivel mayor de desarrollo, aunque aún por debajo de Brasil, que cuenta con family offices muy sofisticados y muy grandes. Perú y Colombia recién están viendo el surgimiento de este tipo de inversionistas. México, por su parte, está en una posición intermedia. En Argentina, la mayoría ha tenido que emigrar hacia EEUU o Uruguay”, matiza Axel Christensen.

Con todo, los expertos coinciden en que los family offices seguirán creciendo en la medida que Chile mantenga el crecimiento y “que el segmento de ultra alto patrimonio se desarrrolle” concluye Muxi.